dijous, 19 de novembre de 2015

ATENTADOS DE PARÍS: LLÁMADLO GUERRA SI QUERÉIS



No hace falta repetir las cifras de muertos y heridos, la brutalidad del atentando sucedidos en París el pasado sábado, es –por desgracia- de sobra conocida. Su carga simbólica y su impacto sociológico también.  Sorprende algo más la sorpresa generalizada, ante la nefasta consecuencia de una situación que se ha consentido, propiciado y alentado durante las últimas décadas por parte del gobierno francés y de diversos gobiernos de Europa occidental. Por este motivo, si conviene una reflexión sobre lo ocurrido.

El contexto geopolítico
La llegada de Barack Obama a la casa Blanca –recordemos Premio Nobel de la Paz- fue recibida por el mundo “progre” como el inicio de una etapa de paz mundial y de relaciones internacionales basadas en el “diálogo y la comprensión”, hubo alguna que la llegó a definir como un “acontecimiento cósmico”: otra prueba de infantilismo.  Obama ha seguido la misma política que las administraciones anteriores, y ha continuado creando monstruos en Oriente Medio.
Obama fue quien declaró la “cruzada” contra el legítimo y laico régimen sirio de Al-Assad, armando y organizando a la llamada “oposición islámica”, esa misma que armó y apoyó el presidente francés, Francois Hollande, con el apoyo táctico de Mariano Rajoy. Sí, efectivamente Hollande armó y apoyó a los islamistas de Siria. 
La actuación militar de la Rusia de Putin apoyando precisamente al régimen de  Al- Assad, es la que está permitiendo que Siria no caiga completamente en manos de los islamistas “moderados” y “no moderados”. Ha sido sólo después de los atentados de París, cuando Francia ha cambiado de posición en Siria y bombardea a los enemigos del que antes pretendía derrocar apoyando a los islamistas. La falta de criterio, el seguidismos perruno hacia Estados Unidos y la insensatez total, son las características que definen la política de Hollande en Oriente Medio.


La banlieue y el islamismo creciente
Hollande no sólo ha sido torpe en el exterior, ha sido temerario y absurdo en el interior. Ahora nos habla de seguimiento, de control policial,  de    hacia los islamista radicalizados “franceses” (es decir de pasaporte francés), sí hacia esos mismos que hasta hace muy poco dejaba viajar a Siria a combatir con el ISIS, mientras él bombardeaba a Assad, dejó a cientos de “jóvenes franceses (?)”, viajar a Oriente Medio, ingresar en organizaciones armadas islamsitas… y luego volver a Francia. ¿Qué esperaba Hollande? La irresponsabilidad se paga cara.
Hollande ha seguido la política suicida de sus predecesores, abriendo las puertas de Francia a millones de inmigrantes, a los que se ha regalado no sólo la nacionalidad sino subvenciones y apoyos de todo tipo, en pos de la “integración”.  Otra muestra de infantilidad, y de actuar según las fantasías multiculturales y no la realidad. Hoy los suburbios de las grandes ciudades francesas, son un núcleo de marginalidad y violencia, el caldo de cultivo para esa tercera generación de inmigrantes, que jamás se ha integrado ni se integrará y que se identifica de forma masiva con el islamismo radical y el odio a todo lo que represente la idea de Francia y de Europa. Como colofón de este disparate, Hollande ha abierto las puertas a los “pseudo-refugiados” de la guerra Siria, que no han hecho más que reforzar y hacer aún más peligrosa esta realidad. La estupidez “ad nauseam”.


La bomba demográfica
Si a mediados de los 80 Jean Marie Le Pen hubiera dicho que en 2015 París sería una ciudad presa del terrorismo islámicos, con barrios llenos de integristas donde rige la sharia y la policía no se atreve a entrar (zone non-droite), los “sabios medios progresistas” le hubieran tildado de irracional, intolerante, racista, etc., etc. Hoy nadie parece ver el siguiente paso, pero es obvio. Los musulmanes crecen demográficamente en Francia,  además son ciudadanos con pasaporte y plenos derechos políticos, es decir también el derecho de constituir partidos y presentarse a elecciones, es totalmente lógico pensar que en 20 ó 30 años un partido musulmán francés tenga un apoyo electoral importante, y condicione las leyes y las reglas del juego del país vecino, la consecuencias de todo esto no hace falta señalarlas porque todos sabemos cuáles serían.  Los medios lo ocultan y la opinión pública no quiere verlo, pero no porque no sea racional, sino porque les da miedo tan sólo pensarlo. El miedo, como siempre, paraliza cualquier tipo de reacción.

La teoría de la conspiración
Siempre que hay un atentado de estas características, surgen una serie de comentarios y de situaciones que son difícilmente explicables, pero que no se contemplan en la versión oficial.
El hecho de que los propietarios judíos de la sala Bataclan la vendieran hace dos meses, y de que la población judía de París estuviese avisada, sumándolo al hecho de que Benjamín Netanyahu, el Primer Ministro de Israel,  declarara que Francia “sufriría atentados” al cambiar de posición sobre Palestina es uno de ellos.
Un segundo es el hecho de que Hollande haya salido reforzado, cuando él su gobierno hayan pasado por las cuotas más bajas de popularidad justo antes de las elecciones regionales que tendrán lugar en pocos días, otra.
El hecho de que tras los atentados e reforzará el control de los ciudadanos –que dócilmente acceden al recorte de sus libertades- lo que aumentará el poder de los aparatos del poder, tal como se hizo tras el 11S; otro.
Y por último hay quien señala a que el atentado doblegará voluntades, cara a la próxima cumbre climática que tendrá lugar… precisamente en París en diciembre y en determinadas instancias quieren imponer condiciones que lleven de facto a una especia de “gobierno mundial” para controlar el “cambio climático mundial”
Ya sabemos que el terrorismo internacional no todo es lo que parece, los hilos de las provocaciones y las manipulaciones son siempre difíciles de rastrear.


Europa en guerra… pero, ¿qué guerra?
Es cierto Europa está en guerra, está en guerra contra el jihadismo, está en guerra contra el fanatismo islamista que se ha instalado en nuestro continente y que amenaza con terminar con nuestra seguridad y nuestro modo de vida. Pero no sólo está en guerra contra eso, está en guerra contra el intento de inmersión demográfica contra la población autóctona, está en guerra contra la manipulación que le lleva a participar en conflicto que nada tienen que ver contra nuestros intereses, está en guerra contra la traición y la insensatez que supone abrir las puertas de nuestros países a una marea de millones de inmigrantes. Por eso esa guerra no la pueden  dirigir la clase política culpable de todo esto, los Hollande, Rajoy, Merkel o Mas, porque ellos son los grandes culpables de la dramática situación en que nos encontramos. Y ya se sabe en la guerra, como en política, la primera condición es saber identificar el enemigo.

Enric Ravello Barber


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